Jaime Bayly - En defensa de los gays




     Mi madre se va a molestar conmigo por decir esto, pero lo siento por ella:
     yo defiendo a los gays. Nada tiene de malo que dos personas de un mismo
     sexo se amen. Los gays han sufrido y todavía sufren una discriminación muy
     injusta. Yo los defiendo. Yo estoy con ellos.
     El amor es una maravilla y hay que celebrarlo siempre. Yo estoy a favor de
     que las personas sean felices y vivan el amor. La vida es una aventura
     incompleta si uno no encuentra nunca el amor. Y el amor tiene muchas
     manifestaciones, siendo el amor homosexual una de ellas. El amor entre dos
     personas de un mismo sexo es tan legítimo y respetable como el amor
     heterosexual.
     Algunas personas condenan a los gays. Es una pena. Los argumentos que usan
     para oponerse a los gays suelen ser los siguientes: la homosexualidad es
     antinatural; ofende a Dios; constituye une enfermedad que debe ser curada;
     amenaza con destruir a las familias; no es una expresión de amor sino de
     lujuria pervertida; atenta contra la reproducción de la especie; y es una
     desviación moral inaceptable.
     Todos esos argumentos son falsos.
     Ser gay es perfectamente natural. Alguna gente nace así. Lo natural es lo
     que ocurre sin forzar las cosas, en armonía con la naturaleza. Muchas
     personas, desde pequeñas, sienten una atracción natural por otras personas
     de su mismo sexo. Eso ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo. Yo tengo
     amigos gays. He conversado con ellos. Muchos se han sentido gays desde
     niños. Lo antinatural sería obligarlos a estar con una mujer, a violentar
     sus deseos. Si las mujeres no les gustan, ¿por qué los vamos a forzar a
     acostarse con ellas o a vivir en absoluta castidad? Eso sería una
     crueldad. Ellos también tienen derecho a ser felices y amar. Eso es lo
     natural.
     Ser gay no ofende a Dios. La iglesia católica dice que la tendencia
     homosexual no es un pecado pero que la práctica sí lo es. Es decir: que
     los gays deben reprimir su sexualidad y vivir en abstinencia. Según una
     carta oficial del Papa, la homosexualidad "es una conducta intrínsecamente
     mala desde el punto de vista moral" y los actos homosexuales "no forman
     parte de una vida afectiva complementaria y sexualmente auténtica". Con
     todo respeto, no estoy de acuerdo con Su Santidad. Dios quiere que seamos
     felices y vivamos el amor. Dios es amor. Si dos personas se aman y son
     felices, honran a Dios y a la vida misma. Dios ha creado también a los
     gays y ellos tienen derecho a ser felices y amar a su manera. No es verdad
     que una pareja gay no pueda ser plenamente feliz. Hay muchísimos casos que
     confirman que los gays pueden vivir un amor de pareja tan complementario y
     auténtico como el de las parejas heterosexuales.
     Los gays no están enfermos. Hace ya mucho tiempo que los médicos dejaron
     de considerar a la homosexualidad como una enfermedad. No sabemos si las
     personas nacen gays o se hacen gays. Yo creo que algunas nacen y otras se
     hacen. Pero eso da igual. Lo importante es que hay personas gays y que
     ellas son felices así. ¿Por qué deberían cambiar? Eso es un disparate.
     Nadie debería cambiar su manera natural de ser, de vivir, de expresar el
     amor, siempre que así sea feliz y no le haga daño a nadie. Que cambien los
     que quieran, los que no se sientan cómodos con su tendencia gay; y que no
     cambien los que son felices siendo gays. Pero es absurdo pedirles a los
     gays que se curen porque están enfermos. Los gays no están enfermos: están
     muy sanos y casi todos muy contentos.
     Ser gay no amenaza a las familias ni a nadie. Si tratamos a los gays con
     cariño, ninguna familia se va a destruir. Lo que destruye a las familias
     es la mentira, la hipocresía, la duplicidad moral. Lo que hace daño es que
     los gays se escondan bajo el manto protector de una familia heterosexual,
     sólo para salvar las apariencias, y que lleven una vida homosexual
     clandestina y avergonzada. Eso sí es inmoral y suele hacer daño. Pero que
     los gays puedan vivir libres y felices, ¿qué daño hace a las familias
     heterosexuales? Ninguno. Que aceptemos que los gays existen y tienen
     derecho a ser felices no hará que más o menos personas sean gays. Ninguna
     persona heterosexual se va a convertir en gay sólo por tener amigos gays y
     tratarlos con cariño. No hay que tenerle miedo a la diversidad. Viva la
     diferencia.
     Los gays no son pervertidos o promiscuos por naturaleza. Hay gays
     pervertidos y promiscuos como hay heterosexuales pervertidos y promiscuos.
     Ser gay no hace a una persona mejor o peor. Yo conozco gays cultos,
     sensibles y encantadores, y también conozco gays ignorantes, vulgares y
     detestables. El hecho mismo de ser gay no define el contenido moral de una
     persona, su conducta y sus valores. Es perfectamente posible que una mujer
     o un hombre gay lleve una vida decente y admirable. Nadie está condenado a
     ninguna perversión sólo por sentir deseos hacia una persona de su mismo
     sexo, así como nadie está a salvo de llevar una vida sexual impresentable
     sólo por sentir una atracción hacia el sexo opuesto.
     La sexualidad debería ser idealmente una expresión del amor. Y la relación
     ideal de pareja, gay o straight, debería ser una en la que no haya
     mentiras ni infidelidades. Dentro de eso, cabe todo en el amor: lo único
     que importa es que las personas adultas se amen, sean felices, no se
     mientan y no le hagan daño a nadie. Es cierto que algunos gays son muy
     promiscuos, pero eso parecería ser una consecuencia de que viven su
     sexualidad a escondidas, con verguenza. Cuando una persona gay se atreve a
     vivir su sexualidad libremente, sin complejos, lo sano -casi diría lo
     natural- es que aspire a una relación de pareja y no a una vida promiscua.
     Pero, por último, si una persona quiere tener una vida sexual muy activa y
     acostarse con mucha gente, es problema de ella. Eso no depende de su
     identidad sexual sino de su moral personal.
     La humanidad no va a desaparecer si aprendemos a tratar con cariño a los
     gays. Los heterosexuales continuarán siendo la mayoría. La gente seguirá
     teniendo hijos. Es absurdo pensar que si dejamos de discriminar y humillar
     a los gays, si empezamos a tratarlos simplemente como a personas normales,
     todos nos vamos a convertir en gays y la especie se extinguirá en unas
     décadas. Lo normal y natural es que nazcan más heterosexuales que
     homosexuales, y eso no va cambiar si aprendemos a ser tolerantes y justos
     con los gays.
     Por último, ser gay no es inmoral. ¿En nombre de qué moral se condena la
     homosexualidad? Yo no acepto que mi sentido de la moral, de lo que está
     bien y lo que está mal, me lo dicten otras personas. Cada uno sabe, en el
     fondo de su corazón y su conciencia, lo que está bien y lo que está mal. Y
     yo honestamente creo que es inmoral decirle a una persona homosexual que
     no puede expresar sus sentimientos, que debe renunciar al amor, que debe
     vivir una vida amargada, reprimida, avergonzada. Yo creo que es inmoral
     condenar a alguien a la infelicidad en nombre de una moral intolerante y
     cruel. Lo inmoral no es ser gay: lo inmoral es despreciar a los gays y
     negarles la posibilidad del amor.
     Lamento discrepar con mi madre en este tema. Yo la quiero muchísimo pero
     también defiendo, respeto y quiero a los gays. Allí radica, querida mamá,
     el gran desafío del amor: aprender a querernos a pesar de nuestras
     diferencias.